Mostrando entradas con la etiqueta santboi. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta santboi. Mostrar todas las entradas

miércoles, 19 de mayo de 2010

Pedagogía

























Comentaba hace meses con un amigo de entorno laboral el motivo de la atonía que se respiraba, la sensación de indolencia que invadía espíritus y cuerpos dentro de posibles y amplios territorios profesionales ciertamente estables, hoy tan susceptibles de recortes presupuestarios. Todavía no había llegado el estrépito bursátil y posteriores consecuencias tan nefastas para el futuro de los bolsillos. Los dos coincidíamos que el ombligo de este país estaba siendo muy profusamente admirado, casi con devoción desmedida y sin reflexión posible. Una ingente banalización se extendía por las calles y plazas, donde no existía más que el consumo como cultura. Sin alternativas posibles. Tu mirada se paseaba sin encontrar ofertas.
Al trasladar esta conversación al entorno cotidiano, le hice saber mi temor por la poca enseñanza que no se ha llegado a transmitir llegada esta situación, desde la más alta dirigencia. No estamos acostumbrados a vivir “sin nada”; no nos han educado para ello. Necesitamos “de todo”, aunque lo que tengamos en casa no sirva. Nos han hecho creer que “somos” y tenemos derecho a “tener... Pero, ¿para qué? ¿Sabemos prescindir? ¿Dejaremos de ir en coche al centro comercial para comprar sólo una barra de pan?¿Exigiremos pasos de peatones donde realmente no son necesarios, sólo por que así se aplacan los anhelos de los contribuyentes?¡Para qué exhibimos una cocina pirolítica si vamos a la cola del take-away del pollo los domingos!
Desde los territorios que rigen los hilos de las políticas locales, ¿hasta dónde no se ha hecho pedagogía hacia el ciudadano en su ansia por “tener”? La manifestación permanente de poderío y la ostentación de objetos, raya en la insolencia y nos acerca al ridículo.

Al usuario acostumbrado a saciarse sin ton ni son, dile ahora que vivirá con lo puesto, menos un botón. ¡Y quizás se lo tenga que coser él mismo! 

viernes, 14 de mayo de 2010

Esto es lo que pienso.




Me pregunto si el “tijeretazo” obrado por nuestro talentoso presidente, por otra parte calificado de “hachazo” en el Financial Times (fuente:CNN), no es fruto del miedo a vernos convertidos en otra Grecia y enviar (de hecho, lo ha hecho_ ¡qué diría su abuelo...!) toda la ideología a tomar por el _bul del Estambul (qué cerca está Turquía y que poco la queremos) del abedul, sobre todo después de vender como buenos los cuentos del brote verde, auspiciados por encuestologias baratas, estadísticas de usos varios para aplacar ánimos... Situarnos a la altura del país helénico no forma parte de nuestra soberbia; al fin y al cabo, siempre hemos mirado hacia el norte, despreciando el sur. Nobleza y prestigio obliga. José María hizo lo mismo.
Pero no nos pongamos a temblar. Nuestra pirámide poblacional está suficientemente sólida y tejida, con un carácter suficientemente arraigado como para no alterar lo social por mucho que los sindicatos se envalentonen (¿qué guión les toca, sino?). Somos un país de resignados pícaros que siempre obraremos por la tangente. Y si no que se lo pregunten al comensal que, con motivo del desangelado y triste 1º de mayo anterior, me comentó detrás de un suculento plato en el interior de un restaurante céntrico: “...hemos actuado con destreza. Hemos educado a nuestros hijos para hacer lo correcto. Haz lo que yo te diga, pero no lo yo que haga...” ¿Supervivencia máxima o falta de honestidad con uno mismo? Nunca ha habido, que yo sepa, un tiempo de vacas tan escuálidas como ahora, con lo que no me sirvió como excusa. Nos las prometiamos felices, hemos vivido en una ficción y gracias al ladrillo creció una burguesía que, lejos de ser la tradicional que provoca flujos y mercados, se enquistó en una élite buenista y satisfecha, con una descendencia afín. Así nos va. La demografía es una ciencia a la que no hacemos caso; sin personas no existe territorio ni urbanismo pertinente que insufle el monumentalismo exhibicionista de lo occidental.
Pero debajo de ese estatus, ¿quien queda? Engels y Hegel lo tenían claro. Con las crisis, todo nómada desaparece y vivimos en una sociedad de clases, como decía Marx. Aunque otro de su apellido ya acertó con aquello de “... de la más absoluta pobreza hemos alcanzado las más altas cotas de la miseria...” Se llamaba Groucho.

jueves, 11 de marzo de 2010

Inclementes!



Recuerdo muy vagamente aquel invierno del 62. Seguro que ha habido otros como aquél, peores o diferentes. Mis pocos años de entonces no me permiten ahora clarear ideas ni conceptos, pero sí sensaciones y pérdidas. Sobre todo, aquel caballo de cartón con el que entretenía mis juegos, y cuyo material quedó dañado por un manto blanco y húmedo, que en pocas horas cubrió la ciudad dejándola desconocida para mis despiertos ojos. Un color que fue ocupando toda extensión que abarcara la vista de un mocoso que se quedaba embobado tras el cristal de la puerta del balcón, despreocupándose de aquel elemento tridimensional y compañero infatigable de lúdicas batallas, pendiente sólo por la caída de copos y más copos que le han dado fama desde entonces. Una nieve que rompía el tedio y cuyas temperaturas exteriores obligaban a estacionar toda actividad y ocupación en los domicilios. Algo sublime estaba sucediendo, mágico y sorprendente a la vez, despertando la curiosidad en relación con el fenómeno, inusual, pero que obligaba a la búsqueda del por qué. ¿Cuál sería la posible respuesta para mi edad en aquél momento?
Ello me viene a la mente 48 horas después de otra, parece ser, gran nevada, que ha dejado paralizada a toda una comunidad, perjudicando a diestro y siniestro, desmantelando rutinas y obstaculizando el seguridarismo que debe imperar en toda sociedad que se precie de su orden y concierto. Hay una interminable lista de culpables y todos se sueltan los perros, mutuamente: de servicios, institucionales, meteorológicos y hasta individuales. Se categoriza todavía más aquello de que “nunca nieva a gusto de todos” (¿o es la lluvia la protagonista de este dicho?) y que los cristales vaporosos que caen del cielo, en estas ocasiones, deben ser hasta comedidos y ordenados, sumisos al ritmo que marcan los cánones establecidos, no ofender ni alterar el estresado ritmo de nuestras vidas. ¿Cómo osa la madre naturaleza agitar nuestro mundo de este modo? Los rotativos se han puesto las botas, dando la impresión de necesitar que suceda un hecho de esta índole para evidenciar toda miseria que sucede en nuestro entorno inmediato cuando la climatología vierte a gusto su energía, sin mediar permiso. Digo yo si lo precisa. ¡Ah, es que esta descarga invernal no respeta ni las normas! Y lo mejor de todo es que la ventisca “solo” ha sucedido en estos andurriales y en otros lugares la nieve sea o de postal o recatada al uso.
Me llama una amiga para comentarme lo feliz que se encuentra de no estar dentro del caos automovilístico creado. El coche, segunda residencia por excelencia, eterno ataúd, pero que fomenta y hace crecer el ego. Qué satisfecha se siente de no ser responsable de la conducción en esos momentos de agobio donde, intuyo, ha dirigido las posibles maniobras otra persona. Le recuerdo que pese a lo que vivimos en el túnel del Bruch hace años, no dejó de ser una aventura exquisita, una experiencia enriquecedora... Por que, ¿cuántas veces nieva en tu vida? Posiblemente sea un problema de soberbia en un mundo tan exacto, absoluto, consistente y supuestamente seguro, donde la rutina no deja espacio ni a la sorpresa, ni la contemplación de la magia . No nos está permitido ni sentir cómo éstos, aquellos copos, son otra manera de vivir donde nos ha tocado habitar.

jueves, 6 de agosto de 2009

Feelings







































Otra vez retorné a los territorios de ilusión. Siempre me han apetecido esos espacios que, a poco tiempo de mis lugares de residencia habitual, he considerado cercanos la mayoría de las veces en muchos aspectos. Ya dije en otro post lo que creo de la lejanía: un aspecto más de lo relativo. Geografías de sueños y crecimiento. No sé por qué ni cómo, pero su descubrimiento ha garantizado éstos a cualquier hora y por cualquier circunstancia, solo o acompañado, con lluvia o sol impenitente, en grupo o con una meta laboral a realizar.
La lluvia parecía frenar mis ganas de comunicar aquella tarde gris de triste recibimiento. Con la soledad gestionada al milímetro, quise hacer propio algo distante, pues lo sentía de profunda pertenencia. Los deseos y las gentes están para vivirlos... Por eso me alegré al volverla a ver, aunque no fuera ella. Y encontré otro encanto... Esa es la riqueza.
La tarde era apacible, esta vez. Los últimos rayos solares permitían un disfrute de su calor hasta el ocaso. Pasear por la orilla me dejó buenas sensaciones que, sinceramente, añoraba. En ocasiones, tienes que volver a aquellos y saber dónde está tu lugar, si las épocas se repiten, transcurren, inciden en tu estado de ánimo o, simplemente, pasan inadvertidas sin consecuencias, finalizando sin más.

Ahora contemplo el trabajo de Óscar, célebre artista de la localidad, sobre el mito de Pasifae, aquella locura por la cual se entregaron dos seres sin pensar en lo convencional, pero con el sentir como meta de su mundano recorrido por este planeta incomprensible, pero bello a la vez, intenso y desafiante, aunque demoledor y turbio. Todo es un posible laberinto del cual no conoces entrada o salida ni el uso que de él se deriva y por qué existe. Posiblemente sea eso: caminos que no conducen a ninguna parte y son reflejo de la vida, como señala Mircea Eliade, historiador de las religiones, que la misión esencial del mismo es defender el centro; es decir, el acceso iniciático a la sacralidad…Pero somos codiciosos, como el rey Minos... Y recordé que sigo sintiendo... que sigo siendo de donde siento.

martes, 21 de julio de 2009

"Eppur si muove"







A veces pienso que no es la Luna el problema sino la inmensa soberbia jamás contada por no reconocida, que nos hace más feroces, si cabe, en pos del presumir y menoscabar al ¿enemigo? ¿De quién debo defenderme? Por que ese es el trasfondo del todo que utilizó millones de dólares para descubrir que el satélite era un mar de desilusión, aforismos aparte, y leyendas urbanas kubriquianas colaterales, también.
Ayer se celebraron los cuarenta años de una aventura que nos congeló, dicen, los sentidos a altas horas de la madrugada. Lunes, 20 de julio. En una España franquista destinada a trabajar y que salía del atolladero autárquico, para muchos, dicen, pegaditos a cajas tontas que ya arrestaban los anhelos familiares en el comedor de casa, era el único mar de la tranquilidad en ese horario. Personalmente, no recuerdo, pues con nueve años poco puedo decir. Tocaba de pies en el suelo e intuyo que, en tiempo de ocio colegial, me habría desgastado en mis juegos y correrías cotidianas. Tengo claro que mis progenitores y resto de la unidad no nos apiñábamos con las miradas a lo Alcántara o Botejara frente a una pantalla de colores ciertamente dramáticos, que apareció por casa gracias al buen hacer de un abuelo que marchó al país vecino a ganar un poco de dinero para después cumplimentar con regalos a varios de sus descendientes. A la mañana siguiente, mi señor padre cumplía a rajatabla con lo establecido laboralmente y no creo que estuviera para monsergas alucinógenas; simplemente, tenía una prole que mantener.
¿Por qué ese intento de contagiarnos de un misticismo tecnológico pasado de vueltas? ¿Sigue perdurando un apego a lo que fuimos? ¿La evocación programada del romanticismo más infantil? Anoche, a la vista del exhibicionismo que realizó el periodista que sí estuvo y transmitió como si estuviera, me da por pensar si el ser y el estar son dos verbos que se invertebran sin consecuencias, dejando colgados los significados consiguientes. Hay que reconocer que ni Tintín lo hubiera hecho mejor. Y creo que el cientifista señor Verne no imaginaba, ni mucho menos, que el plantar una bandera o transmitir un hecho por las ondas tuviera esa repercusión mediática. Por que tanto el uno como el otro si estuvieron, cada uno en sus medios. Lo malo es que sigan existiendo profesionales que, actualmente, se empeñen en constatar que ellos son la noticia y no los hechos narrados cuyos protagonistas son otros.
Es de una presunción increíble, casi patética, pretender inculcar a las nuevas generaciones, muchos de ellos por suerte escépticos, una fenomenología del hecho al uso de lo magnífico, como algo extraordinario. Los que se desplazaron al sempiterno planeta eran unos trabajadores más, que desarrollaron una labor ciertamente encomiable, pero no son dioses. Forman parte de un hito en la evolución, pero han sabido estar en su lugar en todo momento y son por lo que han hecho. Nosotros seguimos necesitando héroes, pero ellos no se han sentido como tales. El misterio de la Luna, que tanta influencia ha ejercido en todas las épocas y en todos los ámbitos, no está allá arriba, sino aquí abajo. Volvemos a la espectacularización de los hechos, sin tener en cuenta el influjo de un planeta que nos ha acompañado siempre como íntimo amigo y consejero de nuestras flaquezas y debilidades, como otro yo en este devenir terrestre. Es para lo que nos debe servir, para la exploración interior.

martes, 16 de junio de 2009

Ansiedad



























































“Desgraciado el país que necesita héroes...”Bertolt Brecht (1898-1956), dramaturgo y poeta alemán, fue quien acuñó la frase. Vivió en una época convulsa y compleja, donde el ascenso de algunos sectores de la población a una ya incipiente e influyente burguesía determinaba una aislamiento del individuo en sí mismo, que él consideraba la mayor riqueza del colectivo humano. El ser es aniquilado por la fuerza del capital, siendo éste el nuevo dios que todo lo rige, todo lo domina, todo lo pragmatiza.
A vueltas con esta entrada y rodeado de toda la pomba y boato que corresponde al mes de junio (será el verano...), me pregunto qué sucederá si cierto presidente equivoca sus predicciones, si una aclamada figura deportiva (de la que, creo, ya he hablado en algún post anterior) no culmina la jugada para la cual ha sido encumbrado. Ya sé que el “más de lo mismo” me invade en un momento en que nadie mira alrededor con respecto a otras cuestiones (...o si se hace no se nota... ), pero, precisamente en unos tiempos en que organizamos una protesta por que un equipo está en segunda (¿se acuerdan aquella en la que cierta afición hispalense no quería a su idolatrado equipo en categoría inferior?), pero no nos implicamos a la hora de haber ejercido nuestro derecho al voto ( y encima maldecimos los resultados ). Preferimos celebrar el que un español (estadísticas aparte) es un figura en el país de los rascacielos que no desconectar los televisores donde la bazofia invade unas imágenes destinadas al entretenimiento más chavacanero. Menos mal que Punset se ha cambiado de horario...
No quiero imaginar cuando las expectativas más esperanzadas se lleven al traste las ilusiones más anheladas. Nos convertiremos en el país del “siempre esperando”... a que otro solucione el problema. Mientras, la velocidad de las motocicletas nos hipnotizará tanto que no sabremos disfrutar del paso a paso de la vida.
¿Es la banalización de las costumbres, los hábitos, el triste final de las sociedades opulentas, satisfechas, hartas? ¿Dónde está la conciencia, la idea de colectividad que se nos “inculca” en la escuela? Es un buen momento, “crí... tico”, pero bueno, para reconducirnos a lo humano.
No nos engañemos. Fernando Torres defiende la mercadería. Lo que ocurre es que él, en sus últimas declaraciones, también querría ser el héroe ascendido al Olimpo. Y que lo admiren las multitudes. En mi caso, prefiero ser querido; aunque sean unos pocos.

jueves, 28 de mayo de 2009

Esencias












































Sé que a toro pasado ni tiene sentido. Y menos después de la borrachera de euforia tras los fastos, acumulados y previos al colofón final que todavía aguarda con impaciencia. Pero... ¿qué le voy a hacer? Cada uno es como es y como ¿dios? le ha hecho. Coincide con lo que dijo el autor: “... reivindico el espejismo de intentar ser uno mismo...” Sólo me ceñí a lo estrictamente deportivo. La fiesta, los prolegómenos y la ansiedad, como excusa para el consumismo vacío, lo dejé para el gusto mayoritario. Me percaté cuando, en el último minuto, intenté que mi peluquero tuviera un detalle. Me dejó plantado antes del cierre oficial del negocio. Recordé que, pocos días antes, alguien ya celebraba la final de Roma desde lo más profundo del desierto; incluía vestimenta adecuada y llamaba la atención en medio del calor sahariano.
No me quejo, pues lo epicúreo debería ser un sintagma en la vida, plagada de sinsabores. Pero a la vista de lo acontecido en una cancha de césped y las postreras muestras de catarsis multitudinarias, pienso que los individuos necesitamos de las sensaciones colectivas para sentir que estamos vivos, que todavía hay alguna motivación más para lo prosaico de nuestras vidas.
Nadie resta valor al trabajo realizado por un grupo de deportistas que han sabido dar la vuelta a todo lo robótico que, como ejemplo, rigen los convencionalismos varios, lo rutinario de lo existencial y sus esquemas.
Pero (siempre lo hay) cierto dramaturgo alemán, nacido en el año de la pérdida de las colonias (...) ya pronosticó que es necesario una reflexión por todo acto, por simple que pueda parecer. Lo fantástico es fenomenológico y efímero; ello ya lo saben los actores de ese escenario, que se desgañitaron en pos de un balón y que recrearán la memoria y las estadísticas para mayor deleite del mitómano. A la grandeza humana se asociará también la miseria, complemento que personificará aquel que no supo estar a la altura de su creída personalidad.
Estos no se pueden clasificar como héroes; ni siquiera de villanos. Son los tristes de la película. Los que nos devuelven la idea de realidad. Sólo es un partido más. Un espectáculo momentáneo.
Mañana será otro día.

domingo, 1 de febrero de 2009

Finis terrae...


























Mañana turbia. Justo una semana después del ángel exterminador. Quizá era lo que faltaba para poner las cosas definitivamente en su lugar, sobre todo, tras este periplo atenazado por el síndrome de fortaleza sitiada. El viento ya amenazaba fresco. Y ha venido a limpiar.
La naturaleza es imprevisible. También la humana, aunque nos esforcemos en lo contrario. Se nos ve el plumero a distancia y convertimos apasionados idilios en un “si te visto, no me acuerdo” al momento. Y a poco viento que sople... Al final, como dicen los caboverdianos: en nuestra tierra, hasta las cabras se comen las piedras.
Y pasamos a un clima de nostalgia extrema, con nubarrones y a un “¿qué hecho yo para merecer esto?” almodovariano, salpicado de gurús que nos anuncian lo que ya tenían que haber proclamado hace tiempo, pero la vorágine no les dejó; o no querían, esperando la ocasión de apuntillarnos con el consabido “no, si ya os lo dije“, haciendo más que evidentes sus pronósticos.
Ya se sabe que amar en tiempos revueltos también tiene sus ventajas, pese a que la velocidad sea, en ocasiones, miserable, y no nos deje disfrutar del paisaje. Quizá sea nuestro carácter medievalista, clasista, pero también marxista. Un modismo más que nos adorna. Serán cosas del viejo continente.
Qué triste en el año internacional, dicen, de la astronomía. Siempre hay un año internacional de algo. Es muy significativo esta vez. Momentos sublimes nos esperan y tendremos que mirar constantemente al cielo, que es nuestra salvación, parece ser. Aunque creo haberme hecho agnóstico tolerante con una mezcla de anarquía funcional, para no perder esa moral con la que me ¿educaron?, y que se desprecia en una nueva asignatura colegial que da ya mucho que hablar, pero que se parece mucho al FEN.
Por estas pantallas demoníacas recibo mensajes de todo tipo… ¿Debo contestar? ¿Me convierto? ¿Debo dejar el mundo adulto y seguir a la niñez impoluta? ¿Aplaudo el teatro de la inercia? Lo nuestro nos hace felices, pero Blasco Ibáñez visitó Constantinopla en su momento. Y Win Wenders, Lisboa. Y realizaron obras de arte como la copa de un pino. Y fueron adultos y niños, al unísono.
Se me ocurre una pregunta que hacerle, señor Presidente... Sí... ¿Cómo es posible que las ultimas generaciones se hayan convertido en un bastión del conservadurismo a ultranza, sin atisbo de romanticismo ni ideales, con una frialdad a prueba de al-qassam y pragmatismo evidente, con un cierto grado de impavidez delante de lo obvio?. ¿Qué hemos hecho mal?
Por que olvidar, por mucho trastorno bipolar que surja o amnesia transitoria, no podremos. Mendel tenía razón... ¿Quienes son nuestros padres?

sábado, 1 de diciembre de 2007

¿Socorristas...?























Cuando las condiciones climatológicas así lo aconsejan, cuando unos cuantos grados de más provocan un exceso de calor en el cuerpo, el remojón, el baño, acostumbra a solventar, momentáneamente en el individuo, su afán de compensar temperaturas.
La piscina es la solución más inmediata, cercana y lo más importante: barata. Aderezada con bares y musica ambiente, vestuarios que no soportan, quizás, capacidades medias ( y menos mal que el respetable viene cambiado de casa ), griterios en la zona infantil, extensiones de hierba en donde se inicia el ligoteo fácil e ingenuo, modelitos que a unos espantan y otros aprueban, hacen de esta instalación el lugar idóneo para combatir las visicitudes del verano.
En este fervoroso ambiente, hace su aparición un grupúsculo que se empeña siempre en exhibir y desarrollar todo tipo de facultades gimnástico-nadatorias, con una intencionalidad muy clara (¿lo adivinan?), aunque el terreno sea reducido y sólo se observen multitud de cabezas que asoman en la superficie del agua. El encontronazo, impactante, sea aéreo o submarino, está garantizado. Es un riesgo constante que muchos irresponsables olvidan.
La tarea del socorrista, también denominado salvavidas o monitor, mal pagado y peor comprendido, entra en acción, y no es tan espectacular y televisiva como pueda parecer. En sus contínuos paseos alrrededor de la zona de baño, previene actitudes que perjudican a terceros.
Cuando una abigarrada masa de gente inunda la cubeta, su labor llega a convertirse en una represión de deseos de juerga y diversión acuática, pues es el agua lo que provoca el solaz esparcimiento ciudadano, el sosiego, la expresividad.
Si la motivación empuja, dile a aquél individuo/a que no salte, no realice movimientos circienses ni inicie velocidades a lo Mark Spitz, so pena de contactar con el espacio que, por la entrada abonada en taquilla, pertenece al vecino de al lado.
Se hace increible controlar una situación en la que no se sabe quién es el verdadero ahogado; si el socorrista en su obligación de velar por el orden y la corrección junto al agua o la del sufrido nadador, que puede verse enviado al fondo sin que nadie se dé cuenta.
Todo esto en un día normal, entre semana. ¿Se imaginan la escena un domingo cualquiera?.

Perec, para el Far del Llobregat.7-7-1993

viernes, 23 de noviembre de 2007

Querido...













 
 






























Querido agente municipal:
Hoy te he echado de menos. Hace dias que lo hago. Son jornadas esperando una "receta" de las tuyas. Pero no eres constante y eso me decepciona. Yo, que creí que la ley es para todos y a todas horas, sin importar el día o noche. Yo, que cumplo a rajatabla todas mis obligaciones con el estamento institucional que corresponde.
El último de tus "mensajes" me decía lo mismo de siempre: prohibido aparcar. Pero me lo dejaste hace unos seis o siete meses; y esto contínua igual. Los dias pasan y la regularidad profesional brilla por su ausencia. No sirve de nada provocarte, aunque no tengo, reconozco, más remedio, pues otros compiten por tus favores, pretendiendo que les dejes una nota. Pero sólo yo coincido contigo.
Te encuentro a faltar en ocasiones cuando, por circunstancias viarias, no estás donde te correspondería, sancionando lo sancionable, que es suficientemente evidente como para ello y más grave, si cabe, en comparación. Podríamos hacer un reportaje fotográfico de todo lo que es punible y se tolera. ¿Dónde te encuentras cuando, por razones festivas, nos invaden con musicas varias, a todo volumen a horas intempestivas? ¿Y por cuestiones deportivas?; estás tan lejos que no se te ve, dejando impunes a los extraños, que deciden fortalecer sus musculos teniendo la tranquilidad del parking gratuito. Las razones espirituales, otro tanto. Los cantos nos llegan a través de la cantidad de ruedas aparcadas en vias en donde los autobuses tienen que aprender a maniobrar de nuevo. Tus compañeros de grua, ¿ saben la cantidad de chatarra que se acumula, ya "señalizada" desde hace meses, y que "okupa" un espacio con todo descaro ?.
Sólo acudes cuando alguna manía tiene la pesadez para justificar tu presencia; entonces, sí. Presto, te personas para calmar los animos, comerciales, individuales, sin ni siquiera observar la magnitud de la minudencia.
Menos mal que llega el verano; el calor hará que te refugies y los que decidan no utilizar transporte colectivo, le den al aire acondicionado particular, que para eso lo pagan. Los fines de semana, más tranquilos aún. La canícula estival hará desaparecer hacia otros lugares más varaniegos la locomoción a cuatro ruedas y disfrutemos del espacio sin agobios. Tendrás los problemas en zonas más festivas, dónde la doble fila denotará la presencia de muchos, que combatirán el bochorno con un refresco en la terraza, cercana, por supuesto, al seis cilindros, sea la hora que sea.
Hasta la próxima.

Viernes tarde, en un mes cualquiera.