miércoles, 23 de mayo de 2012

Hope...



 
 
Un inesperado regalo al subir. No era el olimpo griego aunque sí un símbolo en esta región. ¿Estaré soñando? “… qué es la vida, una sombra, una ficción, …” postuló aquel genio de las letras. La noticia fue un verdadero soplo de aire fresco en el momento que ya iniciaba el descenso. Me embargaron emociones que creí perdidas... y otros significados se ofrecían... Mira por dónde, la existencia te devuelve vínculos... y se me paró el tiempo, agolpándose mil y una escenas. 
Supongo que la aparición de un retoño te hace replantear cuestiones que tenias aparcadas, latentes, y aunque no te toque de lleno, sopesas tus adentros con tino ya que la sangre es cercana y la responsabilidad indirecta, y más en esta época cuya coyuntura nos está explotando el futuro.
Por ello, la mirada sorpresiva de la recién nacida es toda una declaración de esperanza. De la sencillez de un todo que invade tuétanos. La vida, dentro de su percepción ontológica, es lo más fuerte, dijeron aquellos sabios hindúes, pues soporta todos los males. Sus progenitores no escatimarán esfuerzos, y tratarán, estoy seguro, de que sea una hazaña el itinerario a seguir, aunque el territorio sea duro a tenor del cómo bajan los dividendos en las bolsas y miramos nuestras cuentas con apasionado esmero diariamente. Eso, los que pueden.
Las herencias siempre nos empujan. ¿Hacia dónde? Ahora mismo, no tengo ni idea. Pero reconozco que me entusiasma ver su rostro en la pantalla del celular como fruto de lo que realmente cuenta, con esas profundas retinas oscuras clavadas en mi incredulidad, ausente en su gran mundo, sin saber quien soy todavía, intuyendo el reto que está a punto de iniciarse después de dieciséis escasos días. ¿Qué sueña esta niña en estas tempranas jornadas? No quisiera que despertara...
En las ágoras se han oído las reclamaciones que, quizás, no se cumplan. ¿Será una ficción? ¿Son sueños de juventud? ¿Es lo que toca, a falta de convencionales e históricas revoluciones? ¿Modismos “soft“? ¿No estaremos reclamando lo que por derecho es dignamente nuestro y, sospecho, desaparecerá con tanto ajustarse la hebilla? ¿No queremos lo mismo que han tenido antecesores más bregados en luchas, aunque con otros modelos? ¿De que sirve saber todo lo que sabemos si aquellas sabidurías nos han llevado hasta aquí? ¿Qué sentido tienen ahora propuestas de los clásicos de otros tiempos y contextos?¿Ha ocupado el saber su lugar?
Comenzamos a saber que no sabemos nada, que todo lo aprendido es trivializado por un resultismo, ineficaz para lo humano… ¿El saber nos hace libres o nos esclaviza más?¿Qué es lo que, entonces, sabemos de verdad? ¿Es lo mismo inteligencia que sabiduría? ¿Quién dijo que ésta nos haría eternos? La trascendencia, el reconocimiento, la importancia, ¿se alcanza con el saber, o ese saber te hace mas intrascendente, apocado, con lo que prefieres no saber demasiado, cumbre de lo anónimo? ¿Para qué utilizamos lo que sabemos si no sabemos usarlo? Debe ser un sueño..., que no entiendo; la vida pasa a costa de los hechos que queremos controlar con nuestros saberes. Las criaturas crecerán y desarrollarán sus opciones, indemnes e ignorantes al momento que les ha tocado y al pasado que les ha traído.
Como aquél, que no fue dios en aquellas bajuras griegas, pero horas antes de su desaparición voluntaria dejó una reflexión postrera: “...el cuerpo jamás conduce a la sabiduría...” Por eso, Laia, en esta fresca primavera, ¿que nos muestras en tu recién estrenada vida?¿Cuál es el mensaje?...

Que nadie enturbie tus pensamientos, que nadie ose molestarte. No hace falta que sepas; ya aprenderás…

 

domingo, 26 de febrero de 2012

Memos

























Escribo en el momento que nos han/hemos (¿...?) declarado oficialmente en recesión, como nuestras amigas del sur de Europa (¡o qué pensábamos!; no íbamos a ser diferentes). Las portadas se han hecho eco a grandes trazos. Atrás quedaron los hilillos de chapapote y los brotes verdes todavía no liftados. Lo digo desde la óptica de la cosmética.
Empiezo a no saber cómo capear (¡qué presunción por mi parte, si soy un afectado como cualquiera!) la denostada y extendida, persistente y, parece ser, tenaz y crispante crisis, esa que provoca que nos ahorremos ya hasta el saludo. O cómo ubicar unas razones para explicar las consecuencias psicosociales, morales y, por qué no, económicas, que para tantos seres está teniendo este sinvivir. Por qué es el miedo a tu miedo, que dijo Shakespeare, lo que me acongoja. Separar el grano de la paja se hace necesario _¿o soy yo el que lo necesita para orientarse?_, quizás por la imperiosa necesidad de ver un final de este sinuoso túnel que nos ... ¿devolverá a lo anterior...? No, por favor. No quiero que mis hijos tengan mis deudas. No es ni ético ni de recibo, por mucho que los pretores romanos insuflaran la costumbre.
Dándole vueltas a intempestivas horas (las salidas de sol siempre serán maravillosas por la lucidez y el descanso que han representado), reconozco que lo primero que se me ocurre es plantearme si merecemos pasar por un calvario orientado a someter al individuo a estrecheces del calibre que se publicita en los medios y en las comidas. Todo empezó por aquellas prohibiciones de fumar..., ¿recuerdan?
A lo positivo: vamos a conocernos como nunca lo hemos hecho. Vamos a saber de qué estamos hechos realmente, cual es nuestro carácter y entereza frente a las dificultades que vengan, nuestra capacidad de comprender, modos de maniobrar, integridad. De qué está hecha nuestra piel, en definitiva. Tertulianos de bar y expertos logistas auguran y catalogan, dándole al sacerdocio más conspicuo, algo que debe originarse, intuyo, en la perplejidad (decía Xavier Antich_Opinión:La Vanguardia, 20/02/2012_) que circula ya sin medida ni concierto. Me atrevo a pronosticar atonía o anomia, incluso resignación cristiana. Sin más, nuestra doble moral, ejemplarizada últimamente con ese rasgo de vestiduras por la ubicación de un extenso centro de ocio al lado de nuestra casa. Algunos pronostican, en un alarde de puritanismo nada propio, un giro depravado de la imagen de marca; otros se escandalizan por la supuesta pérdida de oportunidades, habida cuenta de los tiempos que corren. Otros comentan la poca sensibilidad con el entorno medio ambiental en un espacio urbano ya degradado. Puntos de vista prejuiciosos, observo, con un ojo más puesto en ejemplos napolitanos y no con el glamour monegasco característico que sería de merecer. Mafiosos hay en todo lugar; y si no, ¿qué hemos hecho con tanto ladrillo...? Solo falta que alguien se le ocurra (¡Oh, Dios mío, no!) destapar el tarro de las esencias. Se le condena a la inhabilitación de por vida y escarnio público aunque tengas nombre de rey mago.
Hay un exceso de falocracia; muchos creen que porque tienen el automóvil aparcado en la puerta y la cama caliente por la noche, han cumplido con las expectativas. No deben tener suficiente calor. Y si no, vean a un Juan Antonio, enfundado en su uniforme, enjuto y robotizado...
Esta crisis tiene que ver con una falta de pedagogía (¿quién nos ha acostumbrado mal, diría?) por parte de unos educadores funcionalistas, que, dándole a lo pragmático han dejado de lado la creatividad, y cuya búsqueda de rendimiento directo nos ha abocado a una simpatía e inercia sin igual a través de las épocas, siendo nosotros tan cómplices como ellos. Que la cosa viene de lejos, Isabel. Esto ha provocado un mal orgullo patrio, disfrazando las realidades propias y quehaceres lógicos. Con un mal posicionamiento por nuestra parte, no hemos sabido asimilar que hay que objetivar sin compararse con el vecino. Si es un materialista y la tiene más larga, es su problema, pues tendrá más gasto; allá ellas con su concubinato. Ya sabemos que la culpa la tiene Disney, siendo posible que no sepamos actuar, todavía, con lo nefasto que forma parte también de la vida que circula a nuestro alrededor.
Recordaba las concentraciones que tuvieron lugar en céntrica plaza de mi ciudad, cuyas voces clamaban por un nuevo orden de las cosas y que al final resultó una pataleta de nostálgicos ávidos de tiempos pasados más “grises” y utópicos, rodeados de jóvenes soñadores y otros menos, sin lugar ni deseos. En el fondo, se protestaba por que aquella ideología defraudó expectativas de cambio, quedándose en una declaración de intenciones que después de un margen de tiempo prudencial y broncas varias, se diluyó, haciendo apatía por los barrios. Y muerto el perro...
Pero la cosa continúa, por que quien tiene las riendas apresta los tornillos con germánico señorío consustancial al poder otorgado, y sin rechistar, que para eso somos azules y del norte...¿todavía? En el fondo de nuestro ADN subyace una idiosincrasia intolerante que nos faculta, creemos, legítima, para lo más violento y animal, impidiendonos pensar, que es lo que los gerifaltes esperan en su panóptico teatro. Desde luego, nos es para que las fuerzas de orden (¡qué anacronismo!) público actúen con apologética finalidad guerrera, generando un sentimiento tan adverso por su desmedida actuación que se suma a los despropósitos de una mal encarada toma de contacto con las circunstancias que nos han tocado vivir.
La dignidad y confianza en uno mismo debe permanecer por encima de todo atolladero que, como individuos, nos aprestamos en la diaria sociabilidad territorial. Ésta. Hay que felicitar, sin embargo, a todos aquellos que buscan futuro en otros horizontes que, pese a la lejanía, les parecen más óptimos, aunque muchas veces se olvidan las perspectivas, quienes somos y cómo nos han hecho crecer. No divaguemos: legítimo es, y romántico, pero por mucha tierra que se ponga por medio, se arrastran mochilas demasiado conocidas. No se puede huir de uno y esconderse como las avestruces. O vivo conmigo o acabo rápido. Y los paternalistas tampoco esperen un retorno triunfal ni se froten las manos: es de ilusos. Uno es de donde pace, no de donde nace. Lo siento por los nacionalismos cochambrosos. Pese a todo, es un vano discurso que tiene una lectura perversa y, por supuesto, materialista: ¿nos invitan, incitan, o motivan a que nos vayamos porque creen que vamos a aportar desde allá una cantidad de divisas y así desatascar el tapón como han hecho otros venidos allende los mares...u otros periodos más “alfredolandistas”? El guerrero triunfante. Otra vez más falocracia y torpe orgullo patrio.
¿No será que no sabemos adaptarnos? ¿Hasta donde ha llegado nuestro evolucionismo darwinista, ese progresismo taylorista vacuo? ¿No ha servido de nada la fábula resultante de “La costa de los mosquitos”:::?

Los logros, consecuentes de nuestra ya elevada burguesía, como árboles, no nos dejan ver el bosque... Por que el concepto de futuro es la trampa. Éste ya vendrá, no tenemos por qué correr a buscarlo. El pasado ya no existe y lo tenemos demasiado en cuenta por el qué dirán ( otra vez el vecino...!). Las prisas nos matan más que el fumar, por mucho que se empeñen los pacotillas sanadores en sus templos de sabiduría. ¿No vemos otras oportunidades de hacer de nuestra vida algo más simple? ¿No sabemos romper con la costumbre que nos ha llevado al lugar que ocupamos?; ¿por qué permanecer y trascender cuando hay otros detalles y formas que explorar y compartir?
Algunos pertinaces han apostado falta de sexo para elaborar toda esta diatriba; creo que especulan demasiado. Aunque me pregunto si ellos, con la cantidad de flujos que exhiben, por lo menos verbalmente, no concluyen en unos términos similares habida cuenta de la que está cayendo, y no es frío, precisamente.


“Apenas llegó, se instaló para siempre en mi vida;
no hay nada mejor, que encontrar un amor a medida...”
Joaquín Sabina (1986)


lunes, 23 de mayo de 2011

Indignados!












Fue una mañana soleada y ventosa. Quizás Eolo, con su frescura, incidía en el pronóstico de lo que se avecinaba por el horizonte y que nadie calculó en un principio. Antes de seguir con mis obligaciones compartí esos primeros momentos con un grupo heterogéneo un malestar, una protesta unánime, convergente, aquella que se viene arrastrando sutil y susceptiblemente desde hace ya meses. Me sentía vinculado por diferentes razones y fui uno más de tantos.
El ideólogo que dio pie a todo ello, nonagenario ya, pero con una lucidez a prueba de vendavales, hizo que todo despertase y que el mensaje cuaje de tal modo que las consecuencias no se vislumbran todavía. Hay quien se atreve a vaticinar que el cansancio hará mella en todos sus componentes y que la continuidad será como espuma de cerveza. Pero a tenor de los visto, se constata que la creatividad, el impulso y coraje de una nueva forma de hacer política ciudadana está cambiando el rumbo hacia otros derroteros más equitativos e igualmente formales. ¿Caerá el estatus del individuo? ¿O podrá su acomodaticia sedentariedad?
Las formas clásicas, que tanta euforia han creado en el panorama resultadista reciente, están quedando obsoletas. Es igual, gane quien gane, si es más de lo mismo, exista el color que exista. La extensión de fórmulas mecanicistas, funcionalismos baratos, donde los números tienen brazos y piernas, no tiene razón de ser. Se alejan de la ética, aquello que preconizaban griegos primigenios.
El contagio se expandió, por lógica, a toda la calle y en muchas plazas. Incluyendo repercusiones internacionales de las que hay que tomar nota, la simpatía creada se ramificó en multitud de detalles, espacios y formas. El sentido de responsabilidad y lo bienpensante tomó cuerpo y ninguna fuerza de orden pudo con una masa que tomó conciencia después de un largo periodo aguantando despropósitos y ninguneos sociales. Fue creciendo en intensidad, sabor y honestidad, quizá, lo que les falta a esos gerifaltes tan ávidos. La erótica del poder crea adeptos, en una sociedad cada vez más secularizada. ¿O es la supervivencia del homo stupidus?
Poco a poco, la primavera, otra vez ella, tomó protagonismo. Con esa calidez, con esa luz. Donde aflora la dignidad como eje vertebrador del colectivo. Como en Praga, la Sorbona o, recientemente, Egipto. Aunque no lo podemos relacionar, ocurrió sin palos pero con firmeza. De modo reflexivo. Consensuado. Congregando a propios y extraños, de toda índole, condición, género y edad.
Alguno de los que ahora se frotan las manos pensando en su nueva posición relevante en los diversos órganos consistoriales, no sepa dónde están los adoquines ni la playa, pero la tendencia es uniforme. Los viejos discursos no servirán para otros propósitos que no sean los meramente dignos para el ser humano. La falocracia está condenada y muchos no lo saben ver por que se rigen por unos modos pasados de moda.

Y encima, el supuesto triunfalismo les hace creerse mejores que los que les han alterado, a todas luces, su burdo electoralismo localista.

Lo siento, señor Fraga.









jueves, 5 de mayo de 2011

GOAL!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!...



o la crónica anunciada de una falacia.

Otra vez nos lo han colado... Ha sido digno de un encuentro de fútbol, en este caso lo que ellos denominan “soccer”, pero sin el mediatismo de Messi y Ronaldo, que tan de moda están, sobre todo por el aborregamiento que provocan y las satisfacciones mentales que recrean _espero que físicas también_.
Sin embargo, esta adocenación es la misma que han recreado los televisivos SEALS, que tan fiel y peliculeramente han cumplido las órdenes de su bienamado jefe, tan compungido en el atrincherado espacio de su oficina.¿Qué hubiera pasado si se hubiera derribado otro Black Hawk? No sabía yo que existía una segunda parte del film “Eraser”, protagonizado por el musculoso Arnoldo... ¿Cómo es posible de que nos alegremos de la desaparición de alguien, por muy ogro que sea? Si no iba armado, ¿cómo esa obsesión en cazarlo? ¿Desde cuando los funerales árabes acaban en el mar? De monoteísmo a monoteísmo, y tiro porque me toca. ¿Te mato y cuántas cuento? Gloria a Caín. ¿Cómo es posible que nos las den con queso otra vez, sabiendo que las armas de destrucción masiva no existían? ¿Cómo es posible que todos los que festejaban la algarabía patriótica en la zona cero tuvieran, mayoritariamente (bien enfocados estaban, of course) una media de edad comprendida entre los dieciocho y veintipocos años? ¿Realmente lo vivieron? ¿Qué hacemos con lo acontecido en Madrid? ¿Celebrarlo en Cibeles? Y en Londres, ¿nos vamos de pubs? ¿Cómo es que se colabora con gobiernos que ejecutan extrajudicialmente cualquier molestia? ¿Qué sentido tiene disponer, pues, de contingentes desplazados en aquel territorio? ¿Es posible creerse la argumentación exhibida por los capos de una mafia oficial que se perpetúa a través de televisiones y medios afines? ¿Realmente estamos más tranquilos que antes de la caída de las torres? ¿No será que es necesario inventar otro chivo expiatorio para alimentar el miedo que es lo que controla nuestro ser? ¿Tan poca lucidez tienen que denominan la operación “Gerónimo”? ¿Todavía tienen interiorizada la figura de quien luchaba por unos intereses legítimos? ¿Hacía falta un despliegue operístico después de diez años? ¿Necesitaba Wall Street subir enteros a cualquier precio? ¿A qué teme el jefe de la democracia occidental, presunto valedor de las buenas y sabias costumbres? ¿No se ha enterado que la quema a lo bonzo en Túnez ha tenido unos efectos más populares, si cabe, y efectivos que su despliegue bélico en estos últimos años? ¿Cuál debe de ser la condición social que refuerza nuestra identidad en contra de un supuesto enemigo? ¿Cómo es posible extender la insidia sin medida, y no utilizar el diálogo como método?
Ahora sí, Xose, ahora si que hay que preguntarse aquello del por qué...¿Por qué no nos indignamos con lo que verdaderamente hay que indignarse?

lunes, 18 de abril de 2011

Humo

























Dos ilustres comensales me acompañaron anteayer en refrigerio común para la hora que corresponde al mediodía. A vueltas con la manida y publicitada manifestación ( o mas bien queja puntual, sospecho...) que tuvo lugar en una consabida y céntrica plaza de la ciudad en la que tuvimos el honor de participar por las razones que a cada cual le sugirió la convocatoria, y por la experiencia que ambos atesoran (ya son entraditos en años y con muchos kilómetros en su haber y una vesícula menos en su cuerpo ), me pregunto si la venta de humo, sea éste de la densidad, volumen y color que sea, no se está apoderando como una costumbre más, dada la situación coyuntural que vive la geografía económica y humana en la actualidad. Parece como si hubiera que mantener la bandera aunque no sople el viento y todos tengamos que subir a lo más alto del mástil a extender el trapo, peleándonos por ello .
Con anterioridad (y creo que en otros posts ya dejé constancia) la venta de motos era, hasta cierto punto, lógica, sobre todo por la picaresca que como método este territorio posee desde tiempos ancestrales. Acabas aceptando la mentira como forma creativa de subsistencia ( es un axioma de la condición humana, que dijo House en no sé qué episodio de la serie) y factor que da personalidad a la idiosincrasia nacional y autonómica. Sin embargo, considero que no disponemos ya, o no se dispone, de más argumentos con los que cercar, atornillar, nuestros anhelos, expectativas o futuros como ciudadanos de a pie, del llano. Hemos pasado del algo tangible, convertible, a una substancia etérea e inaprensible. Quizás entramos en una fase de no-solución o salida, puesto que no hay más cera que la que arde (más humo) y nuestra mentalidad, formación o cultura es nuestra mayor celada. Viene la época del “campe quien pueda”, o apáñatelas como creas. Se ha individualizado tanto la responsabilidad personal que es tarde para colectivizar, y por ende, convivir. ¿Es la sociedad del bienestar la del bientener? Japón, tan famoso por circunstancias, paradigma organizativo y tecnológico de lo humano, ¿qué nos va a contagiar? El negocio de las basuras en Italia, ¿es el futuro?
Uno de ellos apuntilló en repetidas ocasiones que “estamos archivados”, haciendo referencia a lo previsible que resulta ser cualquier población que habite un espacio determinado. Debe de ser nuestro tejido, pensé. No sé si éste señor conoce el uso panóptico que hacen las clases dirigentes al pueblo cuando no se es fuerte y hay que aparentar un control, por que no hay, realmente, efectivo; en los colectivos pre-industriales e industriales de cualquier periodo histórico dado, a menudo ha tenido más peso la idea de destinar un presupuesto al uso de la fuerza o del sistema en detrimento de la pedagogía y la educación, que es lo que hace crecer al individuo. Claro que esto no interesa. Sociedades monoteístas. “Siempre se sabrá cual será el siguiente paso”, decía.
El otro barbudo amigo comentaba que no habrá revolución hasta pasadas unas generaciones, aquellos hijos de los que ahora protestan entre comillas. Ellos serán los verdaderamente perjudicados, puesto que el baby-boom de los 70 son una banda de comodones, que es lo que les hemos enseñado. Entonaba el mea culpa? La falta de orden suple la excesiva fiscalidad. Al transitar por la calle esa tarde tuve una sensación realmente agridulce, quizás como aquel sábado del 2003 y el No a la guerra (cercana estaba la actual Ministra de Defensa, por cierto) y apunté con mis acompañantes _una, funcionaria; las otras, usuarias hospitalarias_ una idea: no hay nada como forzar la situación haciéndose la víctima, por aquello de que “quien no llora, no mama”, pero manipulando la opinión pública y el todos a la calle. Es decir, nos hacemos los pobrecitos y así, con el pollo bien montado, ven en el foro que estamos necesitados y son ellos los culpables. Aquí, simplemente, hemos maquillado la gestión y cuestión, pero damos a creer lo contrario. Hay un matiz diferenciador: no se ha utilizado la compasión como arma; esta vez “tenemos razón” patria. Como ensayo, puede ser, pero los que me cercaron una vez finalicé la hipótesis no me tenían cara de buenos amigos precisamente, aunque alguno vio un poco de humo en la marabunta humana. Debo reconocer que fue emocionante y no sólo por la solidaridad exhibida _ habían profesionales de varios sectores, así como también usuarios de diversa condición _ de todos los presentes, creo que convencidos de que lo que hacíamos era por legitimidad (recordé mi muela de juicio... pronto me quedaré sin, abonando lo que corresponda, so pena de padecer una lista de espera, que seguro será interminable). Cuando Santa Bárbara truena...
Comentario sobre que se está controlando el tiempo que tardas en ir a buscar una botella de agua dentro del horario laboral, a tres minutos de tu puesto. Profesorado de lenguaje sánscrito que, incongruentemente, no ha visitado jamás Oriente. Sindicatos que, mermados de asistencia en sus ultimas convocatorias, utilizan “cachorros”(la bien llamada “nueva militancia”) obedientes que, sin rechistar, hacen lo que les dicen y así crean masa. Universidades que no saben qué cocinero dirija una extensión universitaria a precio de oro que de prestigio y mantenga las aulas y las butacas llenas. Amistades que han derivado en peligrosas por la confusión que generan. Alcalde de población costera que, para mantenerse en el poder, utiliza un método estrechamente intimista que huele a la legua. Urbanistas que diseñan por máquina cómo y por donde debe el transeúnte “circular”. Bienintencionados tests que, aparte de cumplir el expediente psicosocial exigido, aplacan las iras de los examinados. Leguleyos paranoicos que no saben lo que proteger (“¿de quien debo defenderme si no conozco enemigo?”), destripaterrones atentos al menor salto que practican el “más de lo mismo”, ya pasado de moda, gurús venidos a menos en el ámbito pseudo-religioso. Fauna, en definitiva, que se está extendiendo con una progresión aritmética que da miedo, disfrazados de aparente titularidad académica y experiencia demostrable... Eso sí, los partidos de fútbol a la hora más lógica y mágica (para crear afición, ¿deportiva?)... Lo mismo da idiotizarse con la caja tonta que con las redes sociales, anacronismo éste que evidencia un modo más de vigilancia grupal, por mucho que los árabes se hayan beneficiado en sus, hoy, alteradas ciudades.
Esta vez, dejaré de lado las teorías de Dawkins y mi altruismo lo olvidaré en pos de Morfeo. “... y en la fiesta nacional, yo me quedo en la cama igual.., que la música militar nunca me supo levantar”, cantaba Paco.
Y todo esto después de salir del dojo...
¿Qué hago yo delante de esta pantalla? ¿No tengo ya bastante fama? Y encima, me he quedado sin tabaco.

martes, 9 de noviembre de 2010

Desde el extremo sur…

 























Vejer de la Frontera, cualquier día de samhain...

Ahora que la ración de azul, respetando el tamaño que por publicidad y normativa se exige y televisivamente se proclama, ha sucumbido en mi estómago, ahora que el paseo junto a un desconocido y juguetón can me ocupa la luminosa mañana en una inmensa porción de arena de las que canta el nuevo hipismo de Chambao, ahora que retorno al cubil para la consabida y obligada higiene bucal, nueva exigencia ésta habida cuenta de la edad que atesoro, sopeso con más calma lo que han sido estas últimas semanas, alternando días de sorpresas con desalientos profundos, desaires y emotividades, inconsciencias e ilusiones, rotas todas ellas ante la evidencia de lo ontológico y existencialmente humano, muy a nuestro pesar, de mentalidades diferenciadoras exentas, creo, de ese romanticismo de otras etapas más reivindicantes e ideológicamente llenas.
No he mitificado la cifra, pero se ha convertido en un punto de inflexión, quizás la marca del rito del paso. La matemática, dicen, no perdona, no engaña; concreta más, si cabe, las ideas que se me amontonan. Pero de la primera aseveración ya no estoy  seguro: es a partir de este momento donde todo se disculpa, incluyendo esa relativización filosófica que muchos materialistas no aceptan, pero ante lo que no tienen más remedio que claudicar, pues ellos también llegarán. Toda afrenta debe ser tomada desde la consideración más infantil, desde la comprensión por su no experiencia vital… Y entender. La indirecta, el reproche, la ridiculización deben dar paso a un saber estar, o más bien diría, un saber tener… ¿bagaje? ¿mochila?. No tiene sentido un gasto de energía cuando has decidido que a tu vida le queda medio telediario que resolver (¡dios, sobre todo cómo están ahora!) o un crucigrama existencial que cumplir.
Ahora que los campos se amplían o estrechan, según se mire (y tengo presbicia), ahora que no hay tiempo de nada o de todo, que tus actos vayan guiados por la calma bien entendida y respirada del denominado argot buenista, excluyo lo políticamente correcto por su mal olor y divido al personal entre aquellos que disfrutan de la vida y los que se empeñan en padecer y reprimirse… Hay quien eligió, o no pudo, otros caminos… ¿Tuvo que ser un golpe de mar apoteósicamente fresco a las cinco de la madrugada lo que me hizo reaccionar, o ya estaba latente meses antes? Aquella tiene que ser la perspectiva, enérgica y valerosa, respetando al contrario en el más extenso sentido lúdico de la palabra o acción, por otra parte acorde con la fe que profeso. La visión debe ser magnífica y limpia. ¿Cuáles son mis deseos y cuántas mis realidades? ¿Ayuda en algo las serpenteantes calles de esta villa gaditana? No quiero colores tristes ni indumentarias que me recuerden. Sólo hay que admitir el futuro, el disfrute del tiempo que no vuelve, por desgracia. Aunque en el fondo de la cuestión, qué más da: habrá otros… Cómo ahora, que disfruto del ocaso. Mañana igualmente volverá y posiblemente sea mejor. Sí acaso, diferente. Pero después del salto, el deslizarse por el cielo limpio de esta comarca, la liturgia del café desde esta atalaya, calma y sosegada, tiene un precio especial. Otros horizontes; nada de remilgos ni sainetes. Eso queda para el disciplente. La exquisitez por delante de todo. Y mucha educación, ninguna bravata.
Tengo dudas sobre si fui suficientemente considerado con aquellos que me regocijaron en un acto que presumía un cambio de rumbo. No creo haber estado a la altura de la circunstancia protocolaria; más sus bienestares y satisfacción me llenaron como para recordarlo siempre. Ese es el valor intrínseco. Es un calor que no se olvida, que se hace tangible, que te obliga a seguir pernoctando, alejando el deseo de huir. Posiblemente ellos me comprendieron más de lo que yo pude entender.
 





sábado, 14 de agosto de 2010

Principios...


No sé exactamente cuánto tiempo transcurrió. Si diez o quince minutos; quizás más…

Despertabas del sueño de los justos, aunque no creo que tu inocencia te hubiera hecho pecar todavía, y tu pequeñez comenzaba a inquietarse por la ingesta que se avecinaba. En un alarde de generosidad satisfecha, papá te cedió a mi regazo y no supe cómo tomarte, aunque ya lo tenías claro, mientras me observabas intentando reconocerme, asentándote en mis brazos. Tu diminuto cuerpecito se adecuaba a mi estupor por el regalo recibido, intentando escudriñar quien te mecía, te dialogaba, en un intento de conversación inútil, sin palabras y sin tapujos, pero con balbuceos mutuos. Se hacía evidente que tu reducido estómago requería llenarse de nuevo y la presencia de mamá era, en ese momento, el deseo más perseguido pese a haberla dejado descansar merecidamente. Tu minúscula naturaleza comenzaba a estirarse de todas las formas posibles en un intento de abandono de la comodidad manifiesta, pues yo no era ya de tu interés en ese momento.

Un biberón esperaba impaciente.

jueves, 29 de julio de 2010

Cornudos

 


Siempre existe un dónde. Es lo que todos tenemos en lo más profundo de nuestro córtex, que dijo Punset. La orientación es lo primero que desarrolló el australopitecus para saber cuál era el siguiente paso.
Pero si nos suprimen aquello de lo que no debemos prescindir porque es, en definitiva, nuestra identidad, ¿cuál será la referencia, el destino? Me viene a la mente el corto espacio existente entre el monte Hacho y las playas de Bolonia, brazo acuático que recorrían y todavía recorren navíos de considerable tamaño y calado, y simpáticos delfínidos que no tuve ocasión de ver _dejemos de lado las obligaciones con las que tuve que proceder aquel día_, símbolos, por otra parte, de las culturas de este mare nostrum en el que todos nos hemos criado, educado, mal que nos pese, desde la más oscura y lejana noche de los tiempos. Periplo éste no exento de riesgo para ambos, con sus corrientes marinas al gusto de Melkart, vientos que hacen de Eolo un indestructible ser; caprichos de la naturaleza, como nosotros mismos. No me extraña que lleguen, circunstancias aparte, marineros de piel oscura procedentes de otros lares y ocupaciones varias sin apenas conocimientos náuticos, pero con la única intención de la voluntad de recorrer el paso, legitimidad venida a menos últimamente, gracias a las soberanías mal comprendidas y nefastamente utilizadas.
Ayer nos quedamos sin cuernos, como si fueran los únicos de los que hay que tener miedo. Como si fueran los únicos que acometen y generan espanto. Quizás son los menos, pero su uso nos ha llevado a la gestión interesada, la mala interpretación de la circunstancia, a la descontextualización de los hechos y sus diferencias, parece ser, irreconciliables, al coartar no aquella legitimidad sino el recurso que la identifica, a la falsedad que provoca el enfrentamiento, la pataleta mal disimulada por otras causas, la verborrea intelectualoide con visión mesiánica, populista, al maltrato que tanto pretendemos erradicar. ¿O no somos animales, también? Pregúntenle a Jung. Al final le daremos la razón a los toreros, cuando decían aquello de “… más cornadas da el hambre…”. Sin vamos eliminando platos, para qué un Arzak, un Adrià o una cocina… Porque si la gastronomía es cultura, ¿a dónde vamos sin ella?
Hasta que el próximo odontólogo quiera… Depende de cuidar la propia dentadura.



miércoles, 19 de mayo de 2010

Pedagogía

























Comentaba hace meses con un amigo de entorno laboral el motivo de la atonía que se respiraba, la sensación de indolencia que invadía espíritus y cuerpos dentro de posibles y amplios territorios profesionales ciertamente estables, hoy tan susceptibles de recortes presupuestarios. Todavía no había llegado el estrépito bursátil y posteriores consecuencias tan nefastas para el futuro de los bolsillos. Los dos coincidíamos que el ombligo de este país estaba siendo muy profusamente admirado, casi con devoción desmedida y sin reflexión posible. Una ingente banalización se extendía por las calles y plazas, donde no existía más que el consumo como cultura. Sin alternativas posibles. Tu mirada se paseaba sin encontrar ofertas.
Al trasladar esta conversación al entorno cotidiano, le hice saber mi temor por la poca enseñanza que no se ha llegado a transmitir llegada esta situación, desde la más alta dirigencia. No estamos acostumbrados a vivir “sin nada”; no nos han educado para ello. Necesitamos “de todo”, aunque lo que tengamos en casa no sirva. Nos han hecho creer que “somos” y tenemos derecho a “tener... Pero, ¿para qué? ¿Sabemos prescindir? ¿Dejaremos de ir en coche al centro comercial para comprar sólo una barra de pan?¿Exigiremos pasos de peatones donde realmente no son necesarios, sólo por que así se aplacan los anhelos de los contribuyentes?¡Para qué exhibimos una cocina pirolítica si vamos a la cola del take-away del pollo los domingos!
Desde los territorios que rigen los hilos de las políticas locales, ¿hasta dónde no se ha hecho pedagogía hacia el ciudadano en su ansia por “tener”? La manifestación permanente de poderío y la ostentación de objetos, raya en la insolencia y nos acerca al ridículo.

Al usuario acostumbrado a saciarse sin ton ni son, dile ahora que vivirá con lo puesto, menos un botón. ¡Y quizás se lo tenga que coser él mismo! 

viernes, 14 de mayo de 2010

Esto es lo que pienso.




Me pregunto si el “tijeretazo” obrado por nuestro talentoso presidente, por otra parte calificado de “hachazo” en el Financial Times (fuente:CNN), no es fruto del miedo a vernos convertidos en otra Grecia y enviar (de hecho, lo ha hecho_ ¡qué diría su abuelo...!) toda la ideología a tomar por el _bul del Estambul (qué cerca está Turquía y que poco la queremos) del abedul, sobre todo después de vender como buenos los cuentos del brote verde, auspiciados por encuestologias baratas, estadísticas de usos varios para aplacar ánimos... Situarnos a la altura del país helénico no forma parte de nuestra soberbia; al fin y al cabo, siempre hemos mirado hacia el norte, despreciando el sur. Nobleza y prestigio obliga. José María hizo lo mismo.
Pero no nos pongamos a temblar. Nuestra pirámide poblacional está suficientemente sólida y tejida, con un carácter suficientemente arraigado como para no alterar lo social por mucho que los sindicatos se envalentonen (¿qué guión les toca, sino?). Somos un país de resignados pícaros que siempre obraremos por la tangente. Y si no que se lo pregunten al comensal que, con motivo del desangelado y triste 1º de mayo anterior, me comentó detrás de un suculento plato en el interior de un restaurante céntrico: “...hemos actuado con destreza. Hemos educado a nuestros hijos para hacer lo correcto. Haz lo que yo te diga, pero no lo yo que haga...” ¿Supervivencia máxima o falta de honestidad con uno mismo? Nunca ha habido, que yo sepa, un tiempo de vacas tan escuálidas como ahora, con lo que no me sirvió como excusa. Nos las prometiamos felices, hemos vivido en una ficción y gracias al ladrillo creció una burguesía que, lejos de ser la tradicional que provoca flujos y mercados, se enquistó en una élite buenista y satisfecha, con una descendencia afín. Así nos va. La demografía es una ciencia a la que no hacemos caso; sin personas no existe territorio ni urbanismo pertinente que insufle el monumentalismo exhibicionista de lo occidental.
Pero debajo de ese estatus, ¿quien queda? Engels y Hegel lo tenían claro. Con las crisis, todo nómada desaparece y vivimos en una sociedad de clases, como decía Marx. Aunque otro de su apellido ya acertó con aquello de “... de la más absoluta pobreza hemos alcanzado las más altas cotas de la miseria...” Se llamaba Groucho.

jueves, 11 de marzo de 2010

Inclementes!



Recuerdo muy vagamente aquel invierno del 62. Seguro que ha habido otros como aquél, peores o diferentes. Mis pocos años de entonces no me permiten ahora clarear ideas ni conceptos, pero sí sensaciones y pérdidas. Sobre todo, aquel caballo de cartón con el que entretenía mis juegos, y cuyo material quedó dañado por un manto blanco y húmedo, que en pocas horas cubrió la ciudad dejándola desconocida para mis despiertos ojos. Un color que fue ocupando toda extensión que abarcara la vista de un mocoso que se quedaba embobado tras el cristal de la puerta del balcón, despreocupándose de aquel elemento tridimensional y compañero infatigable de lúdicas batallas, pendiente sólo por la caída de copos y más copos que le han dado fama desde entonces. Una nieve que rompía el tedio y cuyas temperaturas exteriores obligaban a estacionar toda actividad y ocupación en los domicilios. Algo sublime estaba sucediendo, mágico y sorprendente a la vez, despertando la curiosidad en relación con el fenómeno, inusual, pero que obligaba a la búsqueda del por qué. ¿Cuál sería la posible respuesta para mi edad en aquél momento?
Ello me viene a la mente 48 horas después de otra, parece ser, gran nevada, que ha dejado paralizada a toda una comunidad, perjudicando a diestro y siniestro, desmantelando rutinas y obstaculizando el seguridarismo que debe imperar en toda sociedad que se precie de su orden y concierto. Hay una interminable lista de culpables y todos se sueltan los perros, mutuamente: de servicios, institucionales, meteorológicos y hasta individuales. Se categoriza todavía más aquello de que “nunca nieva a gusto de todos” (¿o es la lluvia la protagonista de este dicho?) y que los cristales vaporosos que caen del cielo, en estas ocasiones, deben ser hasta comedidos y ordenados, sumisos al ritmo que marcan los cánones establecidos, no ofender ni alterar el estresado ritmo de nuestras vidas. ¿Cómo osa la madre naturaleza agitar nuestro mundo de este modo? Los rotativos se han puesto las botas, dando la impresión de necesitar que suceda un hecho de esta índole para evidenciar toda miseria que sucede en nuestro entorno inmediato cuando la climatología vierte a gusto su energía, sin mediar permiso. Digo yo si lo precisa. ¡Ah, es que esta descarga invernal no respeta ni las normas! Y lo mejor de todo es que la ventisca “solo” ha sucedido en estos andurriales y en otros lugares la nieve sea o de postal o recatada al uso.
Me llama una amiga para comentarme lo feliz que se encuentra de no estar dentro del caos automovilístico creado. El coche, segunda residencia por excelencia, eterno ataúd, pero que fomenta y hace crecer el ego. Qué satisfecha se siente de no ser responsable de la conducción en esos momentos de agobio donde, intuyo, ha dirigido las posibles maniobras otra persona. Le recuerdo que pese a lo que vivimos en el túnel del Bruch hace años, no dejó de ser una aventura exquisita, una experiencia enriquecedora... Por que, ¿cuántas veces nieva en tu vida? Posiblemente sea un problema de soberbia en un mundo tan exacto, absoluto, consistente y supuestamente seguro, donde la rutina no deja espacio ni a la sorpresa, ni la contemplación de la magia . No nos está permitido ni sentir cómo éstos, aquellos copos, son otra manera de vivir donde nos ha tocado habitar.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Reencuentro




















Sucedió en un espacio de ciudadanía imparcial y particularismo histórico, hecho de necesitadas coincidencias, limitaciones y medias luces..., cercano y lejano al unísono, del todo y de la nada. Un territorio que era salpicado con animadas muchedumbres venidas desde lo más lejano de Gaia, madre siempre protectora, y autóctonos con denominación de origen.
En una esquina interior y de excepción, un infante de ojos vivarachos y piel morena que compartía refresco y mesa, fue inducido a expresar de modo artístico una renombrada marca de cilindrada deportiva notable. A duras penas, balbuceando, optó por lo que su inocencia le sugería ante la broma, esbozando una sonrisa de oreja a oreja. Los adultos que le rodeaban fueron complacidos por la respuesta que su corta edad podía ejercer y el intento de vocalización con la boca llena se quedó en eso. Pese a no entender el juego, su mirada demostró que, pese a todo, la diversión era asumida como parte del aprendizaje de la vida. A partir de ahora, su subconsciente memorizaría el detalle.
Era tarde y los estómagos requerían una ingesta lógica para la hora que marcaban los relojes y el ritmo laboral había desecho. Las obligaciones pesaban y la entretenida charla, después de compartir sabidurías y desconocimientos mutuos, llegaba al colofón adecuado y sonrientemente formal donde los coincidentes, recuperando las buenas costumbres, se dieron los deseos más ubicuos, habida cuenta de la tardanza desde la anterior cita. Cada uno escampó hacia su guarida.
Era luna de noviembre, creciente, con mensaje implícito del elemento acuático por excelencia. Una de las fases del satélite más bellas de la simbología de lo femenino.
Qué coincidencia. Y María Sarmiento no estaba. ¿Se la llevaría el viento?

Cosas de las lunas...

lunes, 21 de septiembre de 2009

Rentabilidad











 












Se entiende por negocio esa actividad económica que sufre una serie de cambios y alteraciones comunes, siempre bajo la acción de la oferta y la demanda, eterna ley. Como pagano en el tema no pretendo extenderme sobre ello, pues desconozco pormenores que relacionan esos múltiples factores que les influyen, pero a buen seguro distingo, como ciudadano de a pie, entre lo que se ofrece y lo que se consigue.
De un tiempo a esta parte, el afán de muchos empresarios por sacar más jugo a esos negocios les lleva a no percatarse de los perjuicios que ocasionan en algunos sectores de la población, que padece directamente los cambios de la susodicha ley. Ya se sabe; lo cualitativo está reñido con la frialdad numérica. La posición del empresariado, difícil; la competencia del mercado aprieta. El iva, los intereses bancarios, también. Y así otros elementos que no lo hacen fácil. Pero ellos siguen practicando ese deporte.
Si nos adentramos en el ámbito educativo, la situación se complica, pues se especula con la enseñanza, el aprendizaje de la persona, que dispone y posee el derecho a la calidad que, publicitariamente, se le ofrece y que, circunstancias colaterales aparte, no se cumple, llámense como se llamen las “excusas”. Estamos en tiempos donde hay que super apretarse el cinturón, donde el paro y demás vicisitudes monetarias campean a sus anchas, sea en el territorio nacional o en el familiar. Pero si al principio, cuando comenzaba la crisis, había calidad racionalizada, ahora crece la irracionalidad en el modo de ofertar cualquier producto o servicio. La cuestión estriba sobre el espacio vital que disfrutan un grupo de personas por una módica cantidad. En la actualidad se tienen que conformar con menos e incrementando el pago. El orden de los factores, esta vez, sí altera el producto y el estado de ánimo.Según ello, el cliente ¿qué opina? Su peseta cada vez más devaluada, y si no obtiene lo que demanda, ¿qué puede ofrecer el empresario, realmente?
Aunque se vista la mona como se vista, se calma al usuario con estadísticas frías, encuestologías que le hacen partícipe, informes sociológicamente aceptados e institucionalmente reconocidos, pero que, en definitiva, no reflejan el sentir verdadero de aquel. Sus quejas se quedarán en meras protestas airadas con voz alterada que, tapando agujeros durarán poco cerrados. El problema seguirá existiendo, pese a las advertencias de los profesionales que viven “in situ” éste, convirtiéndose en pobres urbanos de un tráfico que no controlan.
La rentabilidad la hacemos cada uno de nosotros. No sólo es responsabilidad de unos pocos, bien atrincherados. Es una cuestión de todos y para todos. De lo contrario se perderá la credibilidad; la nuestra, también. Y entonces, ningún Adam Smith podrá teorizar de nuevo.

Diario “El Far del Llobregat” (Opinió/Tribuna d’Actualitat), 18.06.1993 

martes, 15 de septiembre de 2009

Pasear










































Me resultó chocante la puntual aglomeración que se daba cita en aquel lugar, enclave estratégico por otra parte, del territorio francés. El atractivo turístico hacia de aquel espacio, sin embargo, algo muy frecuentado, y la coincidencia común llenaba de prisas, nacionalidades y apretujones cualquier itinerario de los aconsejados al visitarlo. Era un continuo salvar el escollo humano, pues no se permitía el sosiego cuya finalidad fuera el disfrutar y enriquecerse del entorno paisajístico e histórico, haciendo del recorrido algo difícil en sí mismo.
Posteriores andaduras, sea por zonas olímpicas, casco antiguo de nuestras poblaciones o zonas comerciales, me sumergieron en el diccionario a la búsqueda del término. Reflexionar sobre este verbo es tarea ardua, ya que un primer significado te lleva a un segundo o tercero, y su contraste te aleja de la realidad, por el simple hecho de que cada deseo debe de ser respetado. La acción supone, de entrada, el disponer de espacio vital para hacerlo, resultando contradictorio que, sin ver más allá de nuestros pasos, nos veamos rodeados de un amontonamiento inusual e ilógico para unas horas de asueto a nuestra disposición. Si su significación principal es distracción, libre utilización del propio tiempo, el caminar sin dirección determinada es imposible, en ocasiones, desde cualquier ángulo. La muchedumbre coincide al mismo tiempo, y calles y plazas se convierten en riada de obstáculos que hay que sortear antes de alcanzar el susodicho y deseado momento donde la mente se explaya a gusto sin premuras de tiempo. A no ser que se pretenda un eremitismo en algún valle perdido de nuestras montañas, so pena de padecer viaje a cuatro ruedas para llegar, no hay rincón que se vea libre del alud curioso de la gente, en su afán de invadir lo invadible. Quizás la culpa de todo la tenga el reloj; y si no, que le pregunten a la estresada ballena del zoo.


Diario comarcal “El Far del Llobregat”, sección Opinió/Tribuna d'Actualitat. 20-11-1992

lunes, 24 de agosto de 2009

Universidad...













































Quiero pensar que en el terreno en que no movemos, o nos vamos a mover a partir de la fecha por nuestra futura competencia profesional, el uso que se haga de las nuevas tecnologías tenga que ver con la utilización de una herramienta más. Una herramienta que permita una multiplicidad de oportunidades a la hora de conseguir acceder a información, sea privilegiada, lejana, con otro lenguaje, etc., para un mayor enriquecimiento personal o de mis semejantes. No es una declaración de buenas intenciones, sino una visión práctica de lo que pienso que debe de ser la cibercultura, entendida ésta como un modo de actuación amplio y comunicativo, sin que la prisa, la velocidad de acceso, el afán por la apropiación de conocimientos sea el leitmotiv que me distinga.
El autor manifiesta en su exposición toda una serie de consecuencias bienintencionadas de una nueva forma de vida que nos integra a todos, nos hace más próximos, más iguales, nos permite un intercambio…¿real?...; ¿verdaderamente?.
Opino que intenta describir una sensación de vivir, es decir, un deseo de hacernos creer qué es el futuro. Pero éste, según el texto, está salpicado por una serie de términos que relacionan más el mercantilismo, la consecución de bienes y servicios, sin moverse de casa, por así decirlo. Todo con una rapidez vertiginosa, donde los empresarios, los nuevos ciberburgueses, impulsores de las sociedades a través de las diversas etapas históricas, sean los que determinen el modus operandi del resto de la población, abarcando el máximo de los territorios, siempre comerciales, del planeta. Ello conlleva a un cambio en las mentalidades, en la política ciudadana, etc., contrayendo nuevas pautas y compromisos que, bajo mi punto de vista, alejarán a unos de otros.
¿En qué consiste, pues, la socialización en los ámbitos locales, el diálogo de las diferentes cuestiones cotidianas que nos atañen a todos? ¿Dónde quedarán los espacios que dinamizan e impulsan la participación civil? Todo lo que han luchado los dirigentes locales, políticos de a pie, en pos de la convivencia, ¿quedará en nada? ¿Qué será de la buena vecindad, la relación estrecha con la tienda de ultramarinos que tengo al lado de mi casa? ¿Tenemos derecho a imponer un determinismo mercantil en aras del progreso de unos pocos? Estos siempre serán unos privilegiados, por que poseerán los medios, las máquinas y demás cuestiones de orden corporativista.
Sus organizaciones siempre estarán por encima de otros intereses más humanistas. No querrán, ni dejarán, que perdamos el tren evolutivo; nos contagian su optimismo, sus ideales, sus métodos, en definitiva. Incluso sociedades tradicionales, rurales, ya se están amoldando a éstos (Véase Diario El Mundo, “La globalización según los indígenas”, Marzo de 1998/César González, Teotihuacan_México), ejemplo de naciones, identidades, que históricamente han estado enfrentadas y/o distantes en la geografía mundial, que han decidido limar asperezas y consensuar unas directrices que les permitan sobrevivir, puesto que se han visto imbuidas por una sociedad de valores cambiantes a favor del un nuevo mercado mundial. ¿Es esto un nuevo fundamentalismo? ¿O quizás, habida cuenta de que el hombre, desde la noche de los tiempos, siempre ha guerreado contra sus vecinos, no ha sabido entenderse ni relacionarse pero sí imponer su concepción de las cosas, está intentando fomentar otra forma de comunicación? ¿Necesita de nuevos ideales, creer en una nueva doctrina? ¿Estamos creando un terreno abonado a la adicción del consumo, sin más?
Mi planteamiento es virtualidad vs. tangibilidad, lo real y lo ficticio, es decir, la primera como algo supuesto, utópico, comprobable, pero que no permite una comunicación estrecha, sencilla, real, que nos dé un profundidad en el conocimiento del otro. Lo virtual flota, es frialdad; las percepciones, lo que hace aumentar lo cognitivo es cercano, por que es el otro el que te ayuda a conocerte. La emoción que experimentamos al leer una obra, un título, un autor es algo tan real que nos hace crecer. No dudo que la información que se obtenga a través de un soporte, el acceso que disponemos a costa del cableado, nos relacione en la distancia con algo también sublime, pero no deja de ser una suposición especulativa, que viene refrendada por otras opiniones, otros contextos e influencias. ¿Dónde está la experiencia directa? Recuerdo una charla en la Universidad de Verano de Menorca (13-09-03), cuando el eminente sociólogo José Mª Tortosa (U.Alicante), nos deleitó durante dos horas y media, que se me hicieron cortas. La información fue directa y me consideré un receptor privilegiado. ¿Hubiera sido lo mismo a través de la red? Lo dudo.
Por ello, creo que la globalización no deja de ser un término mecanicista, iguala matices para despersonalizar. Thomas Hobbes dijo que “...el hombre es un lobo…”, para él mismo y sus congéneres y las nuevas tecnologías serán, si no lo son ya, un arma de doble filo, donde el abuso puede crear un subdesarrollo, unas diferencias que excluirán y si no, crearán dependencias por que cuantificamos los hechos y las cosas. El adocenamiento no dejará espacio para el discernir, el ritmo será frenético. Y esa herramienta, útil para el descubrimiento, se convertirá en un elemento de un modismo más como tantos otros que nos invaden en un momento de la historia, que nos llevará a un cierto estilo de vida, elitista, en un espejismo creíble de obtención de mucha documentación en el menor tiempo. Pero, ¿sabremos qué hacer con ella? ¿Será un arma arrojadiza en pos de la presunción? ¿Tendremos la suficiente empatía para comprender su uso? La internacionalización que hace reseña el autor, a mi entender, es un paradigma superfluo, pues sólo lo hacen, o harán, los que disponen de tecnologías, palabra considero prostituida, puesto que se utiliza sin propiedad significativa. Relacionando esto último, ¿qué tendrán que hacer los mapuches de Chile para sobrevivir en su entorno natural, expulsados de su entorno, dado que la construcción de una presa proveerá de energía en ese territorio? Ello convertirá su geografía autóctona en una inmensa central que abastecerá de electricidad a parte del cono sur de América. ¿Para conectarles al ciberespacio y que Caprabo venda sus productos on line? ¿Y si hay una disminución del suministro? Un apagón, vamos.
No quisiera olvidarme de otra cuestión que considero importante: la soledad, el individualismo, imperante desde hace ya algún tiempo y que está caracterizando a las generaciones actuales. Es consecuencia de la modernidad y el avance técnico, puesto que las comunicaciones generan un hedonismo que aísla. Pero es la paradoja: solos pero superconectados, con cantidad de información, pero pendientes de una pantalla. Orwell ya lo tuvo claro. O no.

En la Facultad de Documentación, año 2002-03 ( después volví  y "abracé" la antropología ).

jueves, 6 de agosto de 2009

Feelings







































Otra vez retorné a los territorios de ilusión. Siempre me han apetecido esos espacios que, a poco tiempo de mis lugares de residencia habitual, he considerado cercanos la mayoría de las veces en muchos aspectos. Ya dije en otro post lo que creo de la lejanía: un aspecto más de lo relativo. Geografías de sueños y crecimiento. No sé por qué ni cómo, pero su descubrimiento ha garantizado éstos a cualquier hora y por cualquier circunstancia, solo o acompañado, con lluvia o sol impenitente, en grupo o con una meta laboral a realizar.
La lluvia parecía frenar mis ganas de comunicar aquella tarde gris de triste recibimiento. Con la soledad gestionada al milímetro, quise hacer propio algo distante, pues lo sentía de profunda pertenencia. Los deseos y las gentes están para vivirlos... Por eso me alegré al volverla a ver, aunque no fuera ella. Y encontré otro encanto... Esa es la riqueza.
La tarde era apacible, esta vez. Los últimos rayos solares permitían un disfrute de su calor hasta el ocaso. Pasear por la orilla me dejó buenas sensaciones que, sinceramente, añoraba. En ocasiones, tienes que volver a aquellos y saber dónde está tu lugar, si las épocas se repiten, transcurren, inciden en tu estado de ánimo o, simplemente, pasan inadvertidas sin consecuencias, finalizando sin más.

Ahora contemplo el trabajo de Óscar, célebre artista de la localidad, sobre el mito de Pasifae, aquella locura por la cual se entregaron dos seres sin pensar en lo convencional, pero con el sentir como meta de su mundano recorrido por este planeta incomprensible, pero bello a la vez, intenso y desafiante, aunque demoledor y turbio. Todo es un posible laberinto del cual no conoces entrada o salida ni el uso que de él se deriva y por qué existe. Posiblemente sea eso: caminos que no conducen a ninguna parte y son reflejo de la vida, como señala Mircea Eliade, historiador de las religiones, que la misión esencial del mismo es defender el centro; es decir, el acceso iniciático a la sacralidad…Pero somos codiciosos, como el rey Minos... Y recordé que sigo sintiendo... que sigo siendo de donde siento.

martes, 21 de julio de 2009

"Eppur si muove"







A veces pienso que no es la Luna el problema sino la inmensa soberbia jamás contada por no reconocida, que nos hace más feroces, si cabe, en pos del presumir y menoscabar al ¿enemigo? ¿De quién debo defenderme? Por que ese es el trasfondo del todo que utilizó millones de dólares para descubrir que el satélite era un mar de desilusión, aforismos aparte, y leyendas urbanas kubriquianas colaterales, también.
Ayer se celebraron los cuarenta años de una aventura que nos congeló, dicen, los sentidos a altas horas de la madrugada. Lunes, 20 de julio. En una España franquista destinada a trabajar y que salía del atolladero autárquico, para muchos, dicen, pegaditos a cajas tontas que ya arrestaban los anhelos familiares en el comedor de casa, era el único mar de la tranquilidad en ese horario. Personalmente, no recuerdo, pues con nueve años poco puedo decir. Tocaba de pies en el suelo e intuyo que, en tiempo de ocio colegial, me habría desgastado en mis juegos y correrías cotidianas. Tengo claro que mis progenitores y resto de la unidad no nos apiñábamos con las miradas a lo Alcántara o Botejara frente a una pantalla de colores ciertamente dramáticos, que apareció por casa gracias al buen hacer de un abuelo que marchó al país vecino a ganar un poco de dinero para después cumplimentar con regalos a varios de sus descendientes. A la mañana siguiente, mi señor padre cumplía a rajatabla con lo establecido laboralmente y no creo que estuviera para monsergas alucinógenas; simplemente, tenía una prole que mantener.
¿Por qué ese intento de contagiarnos de un misticismo tecnológico pasado de vueltas? ¿Sigue perdurando un apego a lo que fuimos? ¿La evocación programada del romanticismo más infantil? Anoche, a la vista del exhibicionismo que realizó el periodista que sí estuvo y transmitió como si estuviera, me da por pensar si el ser y el estar son dos verbos que se invertebran sin consecuencias, dejando colgados los significados consiguientes. Hay que reconocer que ni Tintín lo hubiera hecho mejor. Y creo que el cientifista señor Verne no imaginaba, ni mucho menos, que el plantar una bandera o transmitir un hecho por las ondas tuviera esa repercusión mediática. Por que tanto el uno como el otro si estuvieron, cada uno en sus medios. Lo malo es que sigan existiendo profesionales que, actualmente, se empeñen en constatar que ellos son la noticia y no los hechos narrados cuyos protagonistas son otros.
Es de una presunción increíble, casi patética, pretender inculcar a las nuevas generaciones, muchos de ellos por suerte escépticos, una fenomenología del hecho al uso de lo magnífico, como algo extraordinario. Los que se desplazaron al sempiterno planeta eran unos trabajadores más, que desarrollaron una labor ciertamente encomiable, pero no son dioses. Forman parte de un hito en la evolución, pero han sabido estar en su lugar en todo momento y son por lo que han hecho. Nosotros seguimos necesitando héroes, pero ellos no se han sentido como tales. El misterio de la Luna, que tanta influencia ha ejercido en todas las épocas y en todos los ámbitos, no está allá arriba, sino aquí abajo. Volvemos a la espectacularización de los hechos, sin tener en cuenta el influjo de un planeta que nos ha acompañado siempre como íntimo amigo y consejero de nuestras flaquezas y debilidades, como otro yo en este devenir terrestre. Es para lo que nos debe servir, para la exploración interior.